Buenas noches corazón, buena noches cerebro estúpido, adiós querido jueves, hola querida luna, mire a mi alrededor... Simplemente no soy yo, esto no es mio, pensé en abrir mi armario, tomé el abrigo café oscuro que desde el diciembre pasado ya no utilizo, lo miré, simplemente ya no me servía, me lo probé y me dirigí al espejo, el abrigo es especial, pero dejó de tener gracias, ya solo era un espacio ocupado en mi closet que no tenía función alguna, luego tome ese vestido color fucsia, desde hace un par de mese no lo usaba, decidí probarlo, no me veía mal, el vestido era bonito, pero la mancha roja que se tornó en mi piel me recordó que la tela me hace alergia; sabes a que me recordó todo esto... A ti, a tus extrañas manías, también aquella noche que sin razón alguna empecé a pensar y entonces me di cuenta que no estaba donde quería, esa no era yo, había abandonado mis principios por unas tontas costumbres que no eran mías, lo dulce de tus labios me recordó que no sólo debía pensar en ese momento, que la fealdad se esconde pero el cerebro vacío no, la noche corría, mi cabello aún húmedo me contaba muchas cosas y las sabanas que me picaban me hacían poner los pies en la tierra y el celular apagado permitía que mi corazón respirara y que finalmente lo escuchara, finalmente me desperté del sueño y para mi sorpresa en una cama ajena, ahí me di cuenta que me equivoque... Nunca debí acostarme en la cama de mamá, pensó la niña de tan solo 4 años.
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