viernes, 30 de septiembre de 2016

Una fotografía.

Los moños que acompañaban cada banca de la iglesia parecían perfectos, como si ellos no estuvieran intentando cubrir un pasado que nunca terminó, el tul blanco los unía a lo largo de la iglesia, sobre la alfombra descansaban pétalos blancos, el altar estaba precioso, el cristo estaba perfectamente centrado en la mesa que tenía a lado y lado ramos con rosas rojas y blancas, el ambiente tan alegre se sentia cuando se respiraba, el arco de flores a la entrada era el lugar donde hoy las palomas quería estar, saliendo de la iglesia el patio esperaba por terminar lleno de arroz. Cada paso de  la novia desbordaba de alegría, seguridad; era una mujer demasiado bella, el cabello estaba recogido, junto a su rostro caían algunos mechones de cabello churcos que junto con el brillo de sus ojos parecían estrellas caídas,  el vestido era como el sol de universo, sus hombros se recubren con un encaje que complementa como las galaxias al universo, entallado Hasta la cintura y una profunda falda como el cosmos; se veía reluciente, miraba toda la iglesia detallando cada decoración.
Pero entonces el altar estaba cerca al altar, lo suficiente como para sentir los nervios en su estómago aunque su sonrisa se mantenía, levantó el perfecto rostro sonriente para mirar al fotógrafo, pero entonces los recuerdos bañaron su corazón y se le calló la sonrisa; ella conocía ese rostro, esos ojos, esa mirada, ella conocía esos labios. Los que nunca terminó de corresponder, los que hace quince años se quedaron esperando que ella volviera, creyó que ni el día de su boba aparecería el hombre que realmente amaba. Giró la cabeza para mirar a los ojos a su prometido, entonces encontró la respuesta... ella no se podía casar, y en el último momento sólo pudo correr fuera de la iglesia, estaba huyendo del destino nuevamente como toda una cobarde...

~ nadie puede esconderse toda la vida del destino~

sábado, 24 de septiembre de 2016

Eternamente cobardes

Aveces nos hacemos creer a nosotros mismos las cosas que aunque sabemos que no están bien seguimos insistiendo, la cobardía acompaña a los humanos día y noche hasta el punto de abandonar lo real por lo falso. Como la historia de aquel cobarde que dejó ir en una burbuja la mujer que amaba por que el momento adecuado nunca llegó, o el que la abandonó creyendo que encontraría algo mejor. Finalmente vivimos de momentos es por eso que el tiempo nos aleja de lo que no es para nosotros, o aveces nos cobra las cuentas pasadas, el hilo rojo del destino es inquebrantable,  pero nadie dijo que cuando las puntas se encontrar no habría dolor y destrucción, siempre uno de los dos termina sentado presenciando como el otro se hace feliz cada día y como el corazón escucha sus latidos poco a poco hasta resignarse.
Entonces me doy cuenta que si tiene sentido estar sentada en la banca, observando uno a uno los moños con rosas de tela y tul de decoran cada una de las bancas, la alfombra roja como yo la hubiese querido llena de pétalos blancos y amarillos anuncian que la novia va a entrar, tal vez económicamente y físicamente sea lo justo, pero sigo preguntándome si en su rostro ves el mío, o si cuando la besaste me recordaste,  se que no, es por eso que cuando vas a decir que sí   me quito la capucha de la gabardina y abandono la iglesia, justo por la mitad y justo cuando gritas mi nombre ya estoy afuera de la iglesia, lo que no esperaba era que yo abordara el taxi con lágrimas en los ojos, no debí asistir a tu boda, tampoco debería haber abandonado mi vida, pero al final las cosas siguen iguales, somos un par de extraños que dañados el concepto de amor, unos extraños que temen estar a solas, unos extraños que temen abrazarse, compartir palabra, unos extraños que temen besarse, unos extraños que creen que el destino no existe,  finalmente somos unos COBARDES.

viernes, 16 de septiembre de 2016

La playa

Nadie se imagina que una playa desolada pueda representar una expresión de amor, pero es esa playa la que cuenta una historia que nadie conoce verdaderamente la que ha escuchado lo agridulce de un amor, aveces los sueños son como las olas, llegan a tu vida de momento y te acompañan a pasear por la vida como una ola la orilla de un río, entonces se van, el mar desata una tormenta que nadie sabe de donde proviene y es entonces cuando aprendes a caminar sólo, sin la compañía de ese sueño, un sueño un al final no te aporta, no te sirve y no eres tú, aún así lo extrañas y en los días festivos lo recuerdas, días como hoy en los que la ventana transparente con gotas de lluvia te refleja tus propias lágrimas. Aunque sabes lo que estás por ver, sabes que va a suceder te mientes a ti mismo con una ilusión que sólo existe en los recuerdos que dejaste en el cajón y creíste que habías olvidado, pero cuando vuelves a sentarte en esa playa justamente y vuelves a sentir lo mismo entonces ya no puedes mentirte más y sabes que las lágrimas son de verdad, pero aún así sabes que lloras por un te quiero que nunca existió.

Ojitos de mentiras
~valenzuela~♡