Los moños que acompañaban cada banca de la iglesia parecían perfectos, como si ellos no estuvieran intentando cubrir un pasado que nunca terminó, el tul blanco los unía a lo largo de la iglesia, sobre la alfombra descansaban pétalos blancos, el altar estaba precioso, el cristo estaba perfectamente centrado en la mesa que tenía a lado y lado ramos con rosas rojas y blancas, el ambiente tan alegre se sentia cuando se respiraba, el arco de flores a la entrada era el lugar donde hoy las palomas quería estar, saliendo de la iglesia el patio esperaba por terminar lleno de arroz. Cada paso de la novia desbordaba de alegría, seguridad; era una mujer demasiado bella, el cabello estaba recogido, junto a su rostro caían algunos mechones de cabello churcos que junto con el brillo de sus ojos parecían estrellas caídas, el vestido era como el sol de universo, sus hombros se recubren con un encaje que complementa como las galaxias al universo, entallado Hasta la cintura y una profunda falda como el cosmos; se veía reluciente, miraba toda la iglesia detallando cada decoración.
Pero entonces el altar estaba cerca al altar, lo suficiente como para sentir los nervios en su estómago aunque su sonrisa se mantenía, levantó el perfecto rostro sonriente para mirar al fotógrafo, pero entonces los recuerdos bañaron su corazón y se le calló la sonrisa; ella conocía ese rostro, esos ojos, esa mirada, ella conocía esos labios. Los que nunca terminó de corresponder, los que hace quince años se quedaron esperando que ella volviera, creyó que ni el día de su boba aparecería el hombre que realmente amaba. Giró la cabeza para mirar a los ojos a su prometido, entonces encontró la respuesta... ella no se podía casar, y en el último momento sólo pudo correr fuera de la iglesia, estaba huyendo del destino nuevamente como toda una cobarde...
~ nadie puede esconderse toda la vida del destino~
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