Aveces nos hacemos creer a nosotros mismos las cosas que aunque sabemos que no están bien seguimos insistiendo, la cobardía acompaña a los humanos día y noche hasta el punto de abandonar lo real por lo falso. Como la historia de aquel cobarde que dejó ir en una burbuja la mujer que amaba por que el momento adecuado nunca llegó, o el que la abandonó creyendo que encontraría algo mejor. Finalmente vivimos de momentos es por eso que el tiempo nos aleja de lo que no es para nosotros, o aveces nos cobra las cuentas pasadas, el hilo rojo del destino es inquebrantable, pero nadie dijo que cuando las puntas se encontrar no habría dolor y destrucción, siempre uno de los dos termina sentado presenciando como el otro se hace feliz cada día y como el corazón escucha sus latidos poco a poco hasta resignarse.
Entonces me doy cuenta que si tiene sentido estar sentada en la banca, observando uno a uno los moños con rosas de tela y tul de decoran cada una de las bancas, la alfombra roja como yo la hubiese querido llena de pétalos blancos y amarillos anuncian que la novia va a entrar, tal vez económicamente y físicamente sea lo justo, pero sigo preguntándome si en su rostro ves el mío, o si cuando la besaste me recordaste, se que no, es por eso que cuando vas a decir que sí me quito la capucha de la gabardina y abandono la iglesia, justo por la mitad y justo cuando gritas mi nombre ya estoy afuera de la iglesia, lo que no esperaba era que yo abordara el taxi con lágrimas en los ojos, no debí asistir a tu boda, tampoco debería haber abandonado mi vida, pero al final las cosas siguen iguales, somos un par de extraños que dañados el concepto de amor, unos extraños que temen estar a solas, unos extraños que temen abrazarse, compartir palabra, unos extraños que temen besarse, unos extraños que creen que el destino no existe, finalmente somos unos COBARDES.
sábado, 24 de septiembre de 2016
Eternamente cobardes
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