sábado, 8 de octubre de 2016

Besos que no existen.

El árbol frondoso que se vestía de traición y soledad abrazaba la chica de cabello azul en la noche más fría que había existido, tenía el corazón casi congelado, pero no de frío, de desamor, traición y falsedad; al otro lado un par de cobardes se mentía a sí mismo regalandose besos que no significan nada, besos que no transmiten sentimientos, besos que no existen. Un sabio me enseñó  que la amistad es un sentimiento muy delicado que no se puede mezclar con la envidia, la envidia envenena el alma y daña las demás, la envidia la padecía esa chica que se engañaba en cada beso, se engañó  a sí misma diciéndose que podía respirar bajo el agua y abandonó la tierra se deslumbró con la belleza del mar, llegó hasta Lo más profundo y hay se le acabó la respiración, comenzó a ahogarse pero su príncipe marino la dejó morir poco a poco, se enterró la espada olvidándose de lo que había dejado afuera del mar, ella no sabía que se haría tanto daño en las profundidades del mar, pero prefirió el mar antes de la tierra, no sabía que estaba comprando su pasaporte al dolor.

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