Ahí estábamos nosotros, la luna nos cuidaba, el ambiente era perfecto, teníamos la necesidad de tantas cosas pero estábamos entre las sombras del destino; la princesa luchaba contra la voluntad del destino, estaba ciega, ella todavía no notaba que no estaba con un caballero, si no con un ogro; el destino le había demostrado muchas veces que no eran tal para cual, pero ella no entendía, insistía en un puro amor, para su desgracia el destino le quitó su corona y ella dejó de ser princesa, poco a poco el destino la castigó con dolor, las espinas que un a una le clavaban. Era un cuento de hadas que aquella hermosa chica con el corazón hecho mil pedazos y sentada en las raíces de un árbol recordaba, cerró los ojos para dormirse en un profundo sueño, había pasado tanto tiempo desde aquel daño que ya no sabía que pensaba, entonces una lágrima calló por su rostro, sintió los pasos, la debilidad regresó, los recuerdos volvieron a su mente y cuando abrió los ojos ahí estaba él, y ahí estaba yo abrazada a él, equivocándome otra vez.
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